Buenos días, buenas tardes y buenas noches

El Show de Truman (1998) de Peter Weir

Adrede he puesto tan grande el vídeo de la escena final de “El Show de Truman”, y si tuviera que ser tan grande como lo es esta película, necesitamos un monitor, que como el plató de la peli, se viera desde el espacio.

Pues eso: Escena final de “El Show de Truman”… Difícil, muy difícil de abarcar conceptualmente, pero lo intentamos.

¿Brillante, inteligente, filosófica…? Varios calificativos posibles y seguramente ninguno hace toda la justicia que debiera. Esta escena final, este jarro de agua fría al comprobar algo que sospechabas, que estabas seguro, pero que en el fondo no quieres creer. No voy a hablar del evidente concepto de Dios que aquí se muestra, pero no por ello va a ser menos complejo… El sentimiento de saber que has vivido en un mundo de “cartón” que creías firme, fuerte y poderoso pero por contra… Es de mentira. Todos nos sentimos así en alguna ocasión. Ojalá no fuera así.

Jim Carrey

Construimos decorados continuamente, y lo hacemos tan bien, que llegamos a pensar que alguno de ellos es “real”. Unos de forma inmediata. Te enamoras y crees que será para toda la vida, otros como el trabajo, lo buscas por necesidad y después te conviertes en lo que haces porque te pagan por ello y te hace sentir “independiente” en lugar de ver que eres dependiente del sistema en el que, por suerte, has encajado… O por desgracia.

Este filme es genial en todos los sentidos, pero por no perderme en su narrativa, puesta en escena, ritmo, fotografía, música, edición… Vamos a hablar de como te sientes cuando tu velero se topa con un cielo perfectamente pintado y de cartón. Cuando llegas a un lugar en el que ves, que por bien pintado que esté, por maravilloso que sea, no deja de ser una puesta en escena, una interpretación, un escenario lleno de actores los cuales están ahí por su jornal y las emociones que tienen quizá sean también de cartón. Y digo quizá, porque siempre hay quien siente de verdad aún siendo un actor… O actriz. Y sé bien por qué digo esto.

Un descubrimiento tan desgarrador que incluso, te hace preguntarte quién eres o si tu mismo eres real, imaginario, eres como crees ser o eres como piensan otros que eres. Un final en un velero hecho trizas que llega a los confines del concepto de vida que tenías hasta ese momento.

Das golpes al cartón, pagas tu frustración con ese cielo maravilloso y coloreado, un millón de preguntas por segundo pasan por tu cabeza, miles de situaciones vividas se hacen hueco entre el mínimo espacio que dejan las preguntas, el corazón no puede más y late fuerte, rápido e irregular, afloran lágrimas porque tu cuerpo necesita expandirse y ser más grande para poder aguantar… Necesitas aire, te falta, pero lo coges. Por suerte, lo vas cogiendo y tu corazón sigue intenso pero algo más lento. Caminas y vuelves la vista… Ahí está tu velero. Roto. Golpeado. Sucio. Resquebrajado pero a flote. Hoy he aprendido que ese velero eres tú. Que a pesar del viaje, te ha salvado. Te ha traído hasta aquí. Al final de tu mundo de cartón con sus personas de mentira pero contigo mismo en él. ¿Real o imaginario? ¿Quién soy? ¿Existo? ¿Soy una farsa? ¿Qué hay detrás del cartón? ¿Quién seré si salgo de todo esto que aun siendo mentira, era mi vida? ¿Lo que hay fuera es real o será otro plató de televisión? Y preguntas, preguntas y más preguntas… Sin repuesta. Salvo una. Hay una pregunta que sí tiene respuesta, pues como nos enseñó Descartes, aún para ser engañado es necesario existir. Existes. Eres ese velero resquebrajado y sus heridas son consecuencia de haber navegado por esta farsa, que si bien siempre tiene algo de real, no hay nada más real que tú en esta historia, y aunque también tengas algo de mentira eres mil veces más auténtico que ese mundo de cartón. Eso lo dicen tus heridas, de manera que:

Con falta de aire, herido y frustrado, sales por la puerta del plató porque aunque haya otro escenario detrás, algo real has aprendido y tu velero irá allí donde puede haber otra oportunidad de ser auténtico. Ahora dispones de más herramientas, todas esas que has fabricado por haber vivido un tiempo en ese mundo irreal, de cartón y más frágil que el cristal.

Estando roto, si eres de verdad, y tienes tiempo, cicatrizarás y quien sea auténtico, y aunque no siempre lo parezca, navegará más lejos que alguien de cartón, que al contacto con el agua…

No se trata de ir más rápido, ni de subir a lo más alto para ver, sino de aprender del sendero que, en esta ocasión, navegas con tu velero y te toca recorrer.

Y por si no nos vemos luego: Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

4 comentarios en “Buenos días, buenas tardes y buenas noches”

    • ¡WoW! Hay quien denota mucho cariño hacia mi 🥰

      En El Mago de Oz dicen que un corazón no se mide por lo que ama sino por lo mucho que le amen sus semejantes, de modo, que solo puedo dar las gracias ♥️

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    • Será difícil que una sola persona equilibre todo un mundo de cartón, sin embargo, por tus palabras, pareces más de las de verdad… Y hay más, seguro que hay más… Pero dos ya es un buen comienzo.

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